OTRA HISTORIA

En Agosto del 2009 mi primo Sera me hizo un encargo que consistía en escribir algo para llenar el espacio que le conceden a nuestra Hermandad, la de Nuestro Padre Jesús Nazareno, en el libro de Semana Santa. Por supuesto que mi respuesta fue sí, entre otras cosas por que a mi primo le hago el favor que sea y por que la Hermandad y la Semana Santa son importantes para mi.
El día 12 de Febrero, creo que se presenta el Libro y el cartel de este año en Tobarra, yo no podré ver mi trabajo ya terminado, con fotos y todo ( me impresiona mucho que algo que yo he escrito lo vaya a leer mucha gente y sobre todo que esté ¡en un libro!!!) hasta una semana después ,pero si que he querido que vosotros lo leáis antes y también contaros un poco cómo se me ocurrió el cuento.

Por diversas circunstancias ,que no vienen al caso, el trabajo lo hice casi al límite del tiempo que nos daban, y mi idea inicial desapareció el día 5 de Noviembre mientras les enseñaba a mis hijos unas fotos muy antiguas de la Semana Santa. Un instante, la visión de una foto en mi memoria ( la "física" la tiene mi tío Serafín), una foto que he visto mil veces en casa de mis abuelos y en la mía, la foto de Nuestro Padre Jesús saliendo por primera vez a la calle desde el almacén de coloniales de mi bisabuelo, Francisco Martínez, en la Estación de Ferrocarril de Tobarra .... y el 6 de Noviembre, en mi aburrida convalecencia tras mi operación de muela, salió este cuento.


Muchos no sabéis nada de la Semana Santa de Tobarra, ni de las Hermandades , ni de los Tambores, pero para situaros decir que lo principal esos días es el ruido de los Tambores que tocamos todos ,o casi todos los presentes, durante 104 horas seguidas ( todo ello aderezado con mucha juerga y alcohol...),y el momento de La Bendición, que da la imagen articulada de Nuestro Padre Jesús ( mi Hermandad) en el Calvario el Viernes Santo por la mañana y que junta a mucha gente, con y sin tambores, con y sin túnicas de nazareno, de cualquier religión...un espectáculo con encanto.



El cuento no es real, casi todo es inventado, salvo detalles y situaciones temporales y el hecho de que mi bisabuelo, Francisco Sabina, compró a Nuestro Padre Jesús en Murcia y el escultor fue el prestigioso Lozano Roca...nunca dijo a nadie ni por qué lo compró, ni lo que costó, ni por qué esa imagen y no otra, ni por qué un escultor de Murcia...nada de nada...la incógnita de por qué alguien regala a su pueblo uno de los pilares de su Semana Santa....

Mil gracias a los Sabinas que tengo siempre cerca y al Tuenti de la Hermandad por la foto de mis recuerdos.



OTRA HISTORIA
Los datos concretos, las investigaciones realizadas durante años, han mostrado el posible origen y la antigüedad de nuestra Hermandad...pero esos datos no siempre reflejan la historia humana que hay detrás de un trono, una imagen, unas filas..., por la sencilla razón de que las personas no siempre damos explicaciones de los que hacemos....y por que algunas cosas no tienen explicación ni para nosotros mismos.

Francisco nació en una España destrozada por la enésima guerra civil, la Tercera Guerra Carlista, que había dejado desolación en el norte del país y miseria por todas partes. La infancia de los chiquillos de Tobarra de finales del siglo XIX quedaba reducida a la casa, a correr por la calle con los pantalones llenos de parches y los mocos resecos...y a las idas y venidas a la huerta a llevar la comida a los padres mientras echaban el jornal o a trabajar en cuanto el cuerpo tenía la mínima fuerza. Los mejores momentos del día se resumían a la noche en la que su padre, un hombre pequeño curtido por horas y horas de sol, les leía despacio un ajado ejemplar de El Conde de Montecristo y les hacía escribir frases de este en una libreta marrón.

Los largos días de jornalero, y su capacidad para observar todo lo que se movía a su alrededor le hicieron conforme fue haciéndose mayor un conocedor de la tierra que pisaba, del campo que araba, de los pedregales alrededor de los almendros y las vides, y del agua que se oía bajo sus pies:


-He dicho que se sondee aquí, el agua está aquí y no más arriba...
-Don Francisco -dijo el ingeniero Miguel- según mis cálculos, las aguas de esta zona de Tobarra se filtran en la sierra, y cuanto más pegado al camino sondeemos más posibilidad hay de encontrar un “hilo”.
-Está aquí- sentenció Francisco a la vez que su pie levantaba el polvo de la tierra-.

Y allí estaba, su cabezonería y el agua hicieron que su vida y la de toda su familia cambiara a mejor en el aspecto material, pero esa misma vida le había guardado un dolor que no lo cambiaria ningún acontecimiento ,por bueno que este fuera.

Las Semanas Santas de las primeras décadas del siglo XX eran el momento en que , pese a la miseria, los tobarreños intentaban disfrutar de las procesiones que se celebraban con fervor católico... del tambor que zurrian con fervor pagano... y de sus familias y la poca comida y bebida que podían compartir , pero para la familia de Francisco eran las fechas del año en las que el almacén de coloniales tenía un movimiento inusual, y por tanto, más trabajo.
Francisco era hermano del Prendimiento, lo habían sido su padre y su tío y él no podía ser menos, su única salida era a las procesiones de esa hermandad...nunca mostró ningún interés especial por la celebración semanasantera, aunque en realidad , pese a ser un hombre mucho más práctico que religioso siempre había tenido una devoción interna por la imagen de Nuestro Padre Jesús... que nadie supo.
Se había casado con Dolores una mujer menuda e incondicional , y pese a su rectitud y mal humor siempre tuvo una conexión especial con ella, la adoraba. El matrimonio tuvo mucho trabajo para poder salir adelante, muchas ilusión por crear una familia y.... los problemas que tenían todos llegado ese momento, las condiciones sanitarias, la alimentación y la forma de vivir de la época, hacía que el tener hijos fuera a veces un dolor más que una alegría, por que las madres sufrían mucho, algunos no llegaban a nacer y otros morían a los pocos días...y ellos tuvieron que pasar también esa dura prueba.
La vida, cuando empezaba a serle generosa, por su gran familia y en lo material, le deparaba un dolor que nunca supo digerir...uno de sus hijos moría a los 23 años de leucemia.

-Pobre, ¡tan joven!....dicen que la sangre se la ha vuelto agua...

Ni el trabajo ni la bonanza económica, ni el resto de la familia, ni siquiera los años, pudieron conseguir que apartara esa tristeza de su alma...su seriedad ya no sólo era una pose en los negocios, era su manera de vivir y a la que acompañaban sus vestimentas negras, que se pegaron a su cuerpo el primer día de duelo y que ya no le abandonaron hasta la tumba...junto con su inseparable garrote en el que apoyaba toda su pena.

Algunas tardes subía desde la Estación de Ferrocarril, donde tenía el Almacén, al pueblo y daba una vuelta corta, que se reducía a una visita esquiva, antes de la misa, a la Iglesia de La Asunción.
Nadie supo nunca que desde la muerte de su hijo, el único momento del día en el que se desvestía del negro era llorando delante de Nuestro Padre Jesús Nazareno y pidiéndole que con su mano derecha, no solo bendijera a su hijo, sino que lo cuidara por él...

Pero faltaba otra guerra, la que destruyó lo poco que quedaba por destruir, la que trajo más hambre de la que ya había y la que enfrentó a todos contra todos, un “bando” contra otro “bando”.
En Tobarra uno de los “bandos” se radicalizó, la Semana Santa ya no fue un momento de encuentro entre amigos y familias sino unos ideales a destruir, y el verano de 1936 trajo no sólo el calor sofocante propio de la estación, sino también el de las hogueras hechas con la madera de las imágenes que se habían paseado durante años y años por las calles del pueblo todas las primaveras....y Nuestro Padre Jesús, “su” Nuestro Padre Jesús también sucumbió a la ira irracional de unos cuantos.

La guerra no daba tregua y pese a que Francisco y su familia supieron adaptar su negocio a lo que se necesitaba, la pérdida de amigos, de familiares, el cambio que se estaba produciendo en Tobarra, hicieron que se encerrara más en el caparazón que había construido hace años.
Ya no había paseos por la Plaza, rezaba cada noche pero echaba en falta la mano en la que tantas veces se había apoyado, la mano que protegía a su hijo allá donde estuviera...y en la primavera de 1939,en uno de los viajes desde Murcia de su amigo Manuel a ofrecerle género para el almacén de coloniales, Francisco le preguntó:

-¿Tú sabes de alguien que haga santos, imágenes para las Iglesias?
-¿Es que te has vuelto beato?- replicó con sorna Manuel.
Impasible continuó,
-Es que los murcianos tienen fama de hacer bien los santos... las mejores imágenes de la Semana Santa del pueblo eran de allí, y yo quiero mandar a hacer una..
-Pues mi hermano Angel-dijo Manuel- tiene un vecino que es dibujante y dicen que también hace esculturas, le puedo preguntar.

Angel tenía por amigo y vecino a uno de los mejores escultores de la época, uno de los herederos del estilo barroco de la escuela del Maestro Salzillo, y que había hecho imágenes para las Semanas Santas de la mitad de los pueblos de Murcia, un negocio que estaba en auge debido a que la guerra no había dejado “títere con cabeza” en ninguna iglesia de España.

En Julio del 39 Francisco bajó a Murcia en el tren en el que en tantas ocasiones había montado para cerrar tratos de negocios, y a medio día se encontró , en compañía de Angel, en la casa del escultor José Lozano Roca.
El encargo fue claro:

-Quiero un Nazareno, en pie, con la cruz cargada al hombro y que pueda mover el brazo derecho, como si tuviera intención de darnos la Bendición ( él sabía que estaba haciendo una descripción parca de la preciosa imagen ante la que había intentado calmar su pena...pero de su boca no salió más)
-¿Quiere ver algún dibujo, alguna imagen de las que hemos hecho en el taller en los últimos años...?
-Quiero lo que le he explicado, cuando lo tenga vendré a recogerlo y a pagarlo- contestó Francisco con su sequedad apabullante-..

El solo hecho de hacer el encargo hizo que sintiera que de nuevo iba a tener la posibilidad de comunicarse con su hijo a través del brazo del Nazareno y eso le daba, por primera vez en años, una paz que era inusual.

Cerca de la Semana Santa de 1940 Lozano Roca tenía “su Nuestro Padre Jesús”. Y Francisco volvió a coger el tren para traer la imagen a Tobarra.

Nunca nadie entendió por qué hizo ese encargo, nunca se vistió de nazareno para salir en la procesión, nunca se involucró en nada relacionado con la Hermandad que empezaba a emerger de nuevo ante la alegría de decenas de tobarreños que por fin tenían uno de los pilares de su Semana Santa que les había sido arrebatado de manera trágica..., nunca le contó a nadie que él sólo necesitaba sentir cerca a “su Nazareno” por que él era la única manera de comunicarse con su hijo muerto...su ofrenda a Tobarra y a su Semana Santa tenía un punto tan personal y hasta “egoista” que se iría con él y su garrote a la tumba.

(Este cuento no es real..pero podría serlo...)



La historia no existe sin el empeño , la ilusión , las promesas y el esfuerzo de la gente, la historia de Tobarra no existe sin los tobarreños, nuestra Hermandad no existiría sin las personas que han puesto su tiempo, ganas y dinero en ella y sobre todo por todos aquellos que tiene unas creencias que hacen que la Semana Santa no sólo sea una fiesta , sino un momento importante en sus vidas.
Ese legado de Francisco se mantiene gracias a que cada año nos juntamos en las reuniones de la Junta de la Hermandad intentando mejorarlo, en el Triduo, en la capilla de Nuestro Padre Jesús, en La Iglesia de la Asunción, dando la posibilidad a todos aquellos hermanos y personas que viven la religión en el recogimiento de la Iglesia de que puedan disfrutar de la Eucaristía delante de la imagen del Nazareno, y en la Semana Santa ,en cada procesión y, por supuesto, en el momento estelar de la Bendición, en la que la mano que Francisco necesitaba para hacer su existencia más llevadera, nos da un respiro a todos desde el Calvario a golpe de Mektub.

Comentarios

  1. muy buen relato,te felicito.

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  2. Bravo! Felicidades!

    Yo tengo muchas ganas de tener el libro en mis manos (y no puedo ir siquiera a la presentación).

    Saludos!

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  3. Gracias a los dos, me alegro que os haya gustado, a mi me parece un poco ñoño pero creo que el tema no puede evitarlo.
    Muchas gracias otra vez, me hace mucha ilusión, de verdad.

    Peter, yo tampoco puedo ir..., ya lo vermos más tarde, seguro que este año también lleva un montón de buenas fotos de Jose Rafael...jeje

    Besos

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  4. Felicidades y muchas gracias por la parte que me toca. ¿Ñoño? Bueno, será que yo lo soy también.
    Miles de besos

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  5. Recibo tus besos con ansia, querido primo...

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