LIBRE DE MALOS HUMOS


Cuando era pequeña mi madre me llevaba a la consulta de D. Manuel Anel cada vez que me ponía mala. Estaba en la Plaza , al lado de la Iglesia de la Asunción y lo único que recuerdo de ella es que se entraba por una puerta con una gran cristalera hacia la sala de espera y que dentro, ya en la consulta del médico, olía a tabaco. En los 70 los médicos , mientras meditaban el tratamiento a poner a sus enfermos se encendían parsimoniosa y yo diría que hasta ceremoniosamente un cigarro, independientemente de que el diagnóstico fuera un resfriado, una urticaria o un enfisema pulmonar.

En octavo de EGB, Don Josean nos ponía a hacer los deberes de Ciencias y Mates ,y con muy mala leche nos pedía silencio. El se retiraba a su mesa y encendía un cigarro que fumaba hinchando mucho los carrillos antes de dejar salir el humo por la boca, su mirada se perdía en el patio del colegio , frente a la obra de la ampliación de "La Granja", daba igual que a su alrededor hubiera casi treinta niños de trece años.

En casa, desde que tuve uso de razón hasta el año 86 u 87, mi padre se encendía su Ducados, en el baño, en la mesa antes de comer, después de comer, viendo la tele, al levantarse, antes de acostarse, y así hasta completar tres paquetes cada día.

En el año 90 empecé a fumar, un juego tonto mezclado con cerveza y con el olor a Ducados que formaba parte de mi nariz desde que nací. La lengua como una suela de zapato, toses con esputos verdes, ropas y pelo maloliente, dedos amarillentos y un aire de rockera de voz quebrada pero sin cantar. Siete años después me di cuenta de que el Rock y la cerveza sabían mejor sin que mi garganta fuera un callo.

Hace cinco años, empezamos a darnos cuenta de que la comida de los restaurantes tenía un aroma y un sabor especial, el vino sacaba más matices y las paredes eran blancas, verdes, malva....y no solo amarillentas.

Tras 41 años rodeada de tabaco con o sin consentimiento, hoy por fin ha llegado el día en el que no voy a tener que soportar el humo de otro cigarro, en estos años no solo he descubierto en primera persona que el tabaco mata a lo bestia, sino otras vertientes menos dramáticas pero también negativas.
Quien quiera seguir fumando que lo haga, pero donde no moleste a nadie. Fumar no es como tomarse una copa, uno bebe y bebe solo él y allá con lo que bebe, pero si alguien fuma su humo se extiende a todo el que tiene cerca, molestando.....y ya está bien!!!!.
Hoy es el día en el que algunos malos humos se quedarán , por fin, en la calle.

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